Sobre el Camino Neocatecumenal (OLD)

En la Iglesia antigua, el catecumenado era recorrido por todo el que deseaba ser cristiano y bautizarse. Sin embargo, con el paso de los años la Iglesia percibió que esta iniciación no era tan necesaria debido a la expansión del cristianismo gracias, en parte, a la transmisión de la fe de padres a hijos.

Pero ahora esta circunstancia ha vuelto a cambiar por el proceso actual de secularización que ha llevado a mucha gente a vivir su fe de manera superficial o, incluso, a alejarse de la Iglesia. Una de las respuestas del Concilio Vaticano II a esta nueva situación fue restaurar el catecumenado según los elementos rituales del Ordo initiationis christianae adultorum (OICA) aprobado en 1972.

En una comunidad de pobres, de forma paralela, en Madrid, comenzó a gestarse una nueva experiencia que desembocaría más tarde en el Neocatecumenado, cuyos iniciadores son los españoles Kiko Argüello y Carmen Hernández. Él, pintor de éxito en los años cincuenta y sesenta, tras sufrir una grave crisis existencial, acudió a vivir junto a los pobres y gitanos del barrio madrileño de Palomeras Altas en 1964. En ellos descubrió a Cristo crucificado y comenzó a hablarles de Dios junto a Carmen Hernández. Se formó entonces una comunidad de personas que se reunían para escuchar la Palabra de Dios y que comenzaban a tener una respuesta concreta de la existencia de Dios en sus vidas.

Tiempo más tarde, la Iglesia vería en el Neocatecumenado la oportunidad propicia para recuperar la iniciación cristiana de adultos que en los primeros siglos de cristianismo había dado tantos frutos. Así, el Camino Neocatecumenal es un instrumento al servicio del obispo para desarrollar en las parroquias una iniciación que ayuda a las personas a descubrir qué es ser cristiano. Se propone, sobre todo a las personas ya bautizadas que no han recibido suficiente formación, y a los alejados de la Iglesia, con la particularidad de que no es un movimiento, ni una congregación, ni una asociación.

Fue aprobado de forma definitiva por la Santa Sede en el 2008, y tanto Pablo VI como Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo han conocido en profundidad.

El Camino comienza en las parroquias con unas catequesis iniciales que concluyen con la formación de una comunidad. Inicia entonces un itinerario articulado en las tres fases de la iniciación cristiana: Precatecumenado, Catecumenado y Elección, divididas a su vez por etapas.

De esta forma los catequistas, enviados por el obispo, guían a la comunidad, en comunión con el párroco, y la ayudan a profundizar en la fe teniendo como base los tres elementos fundamentales de la vida cristiana: Palabra de Dios, Liturgia y Comunidad.

Al final del itinerario los neocatecúmenos renuevan, en la solemnidad de la Vigilia Pascual, las promesas bautismales y comienzan un proceso de educación permanente de la fe.

Los frutos de este itinerario postbautismal no se han hecho esperar. La renovación de las parroquias a través del Neocatecumenado ha suscitado un sorprendente impulso misionero que ha hecho que muchos catequistas y familias completas estén dispuestos a ir a evangelizar a cualquier parte.

Misioneros son también los 100 seminarios diocesanos Redemptoris Mater diseminados por todo el mundo y que forman sacerdotes para la Nueva Evangelización.

Otros frutos son las cuatro mil chicas que han abrazado la vida religiosa, las comunidades en misión y la llamada Missio ad Gentes, llevada adelante por familias que, acompañadas de un sacerdote, evangelizan zonas secularizadas haciendo presente una comunidad cristiana.

Kiko Argüello destaca que “uno de los dones más grandes que ha recibido el Camino de la Santa Virgen María es que nos ha inspirado para formar comunidades cristianas como la Sagrada Familia, donde vivir nuestra fe en humildad, sencillez y alabanza; donde el otro es Cristo”. “La comunidad es como un espejo que te pone frente a tu estatura de fe, puesto que siempre verifica la dificultad para amar al otro cuando es molesto y nos destruye”, aclara. Gracias a la Nueva Evangelización que promueve esta realidad eclesial “los paganos nos miran sorprendidos, porque les llama la atención cómo nos relacionamos entre nosotros y cómo nos amamos. Esta relación es fruto del Espíritu Santo”, subraya Argüello.

La primera vez que Juan Pablo II recibió en privado a los iniciadores del Camino en 1979, el Pontífice les contó que pensando en ellos había visto ante sí “ateísmo, bautismo y catecumenado”. En 1990, describió el Camino como un “itinerario de formación católica, válido para la sociedad y para los tiempos de hoy” y pidió al episcopado que valorase y ayudase “a esta obra para la Nueva Evangelización”.

Por su parte, Benedicto XVI conoció el Camino siendo cardenal y profesor en Ratisbona, y lo inició en Alemania. En enero del 2011, el Papa afirmó que “la Iglesia ha reconocido en el Camino un don particular suscitado por el Espíritu Santo”, que “ayuda a saborear la vida divina, la vida celeste”.

Durante su experiencia entre los más pobres, Argüello vio la necesidad de componer cantos para hacer más comprensible la Palabra de Dios. Después de 40 años de Neocatecumenado, son muchos los cantos que ha compuesto basados en las Escrituras. Recientemente, el iniciador del Camino ha compuesto una sinfonía interpretada por 170 jóvenes músicos de las comunidades. Esta sinfonía catequética está basada en el sufrimiento de los inocentes y, en concreto, en el de la Virgen María al pie de la Cruz.

La necesidad de que las estructuras de la Iglesia se renueven ha llevado a Argüello a idear una nueva estética siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II con espacios modernos que favorezcan la vida de fe y ayuden al hombre a sentirse amado. “Hemos visto la urgencia de que las estructuras de la Iglesia se renueven; como la parroquia, que, ante la ´aldea global´ de McLuhan, puede transformarse en una ´aldea celeste´, con una nueva estética: un catecumenium, con espacios modernos para el culto y para la vida de las pequeñas comunidades, un modelo social más humano, capaz de abrir espacios para una nueva cultura”, destacó el iniciador del Camino en el Sínodo de los Obispos para Europa de 1999.

Junto a un equipo de pintores itinerantes, el también Premio Nacional Extraordinario de Pintura, ha recuperado la iconografía bizantina y su tradición adaptándola a la modernidad. Ha ideado una “Corona Mistérica” con los pasajes evangélicos más importantes de la vida de Cristo que “rodea toda la asamblea, de modo que mientras los hermanos están en la eucaristía, estarán viendo una corona que los arropa y los abraza”, explica Argüello. La Iglesia debe “recuperar una expresión artística cristiana capaz de reflejar el contenido de nuestra fe” porque “solo una nueva estética puede salvar la Iglesia”, aclara.

LLEGADA DEL CAMINO NEOCATECUMENAL A REPÚBLICA DOMINICANA

Esta iniciación cristiana llegó a República Dominicana el 7 de febrero del 1974, de mano de los catequistas itinerantes: Padre Emiliano Jiménez, hoy padre Rino Rossi y Naty Aramburu. Se formaron las primeras comunidades en las parroquias Santa Mónica, Jesús Maestro y San Gabriel de Santo Domingo.

En nuestra diócesis de San Francisco de Macorís, llegó en el año 1985 y se formaron las primeras comunidades en la Catedral Santa Ana y en la parroquia San Martín de Porres. En la actualidad existen 34 comunidades diseminadas en 11 parroquias y 6 capillas.

En el país existen alrededor de 900 comunidades llenas de personas rescatadas, mujeres cuya dignidad le ha sido devuelta, matrimonios reconstruidos, familias completas que parten a servir a la Iglesia donde se les necesite, mujeres recanalizadas que se abren a la vida, jóvenes que viven su castidad ó su noviazgo en grado heroico en medio de esta generación y cientos de vocaciones tanto sacerdotales y a la vida consagrada como itinerantes dispuestos a evangelizar por todo el mundo.

También se han erigido dos Seminarios Misioneros Arquidiocesano Redemptoris Mater. Uno en Santo Domingo y otro, hace poco, en Santiago de los Caballeros.