La Liturgia de las Horas. “Consagración del Tiempo”

Mater Gloriosa

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El deseo cristiano es orar siempre sin desfallecer (Lc 18,1), como Cristo que continuamente intercede por nosotros ante el Padre (Hb 7,25). Hay un deseo de santificar el tiempo, que consiste en “hacer posible la inserción de la salvación en la historia, la manifestación de la bondad divina en el tiempo” (J. López Martín), desde la salida del sol hasta el ocaso.

El pueblo judío oraba ya tres veces al día. El salmo 55, 17-18 dice: “Yo en cambio a Dios invoco y YHWH me salva. A la tarde, a la mañana, al mediodía, me quejo y gimo. Él oye mi clamor”. De Daniel se nos dice también que acostumbraba a orar tres veces al día (Dn 6,10).

La Sacrosanctum Concilium mandó que se ordenase la Liturgias de las Horas según una naturaleza ‘horaria’: “El Oficio divino está estructurado de tal manera que la alabanza de Dios consagra el curso…

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